El recuerdo de las aves en mi vida
Cuando era pequeña en la casa de mi abuela normalmente
llegaban aves heridas a la terraza, entonces ella las rescataba les daba comida
y agua.
Uno de ellos fue un canario que se hizo tan de la familia
que andaba por toda la casa y aunque no estaba enjaulado no se salía cuando abrían
la puerta ni la ventana.
Creo que eso es de familia, porque cada vez que iba a la
casa de la hermana de mi abuela me encontraba un pajarito nuevo, porque en el
patio ella dejaba comida y agua y en las plantas y arboles entonces llegaban
muchas aves y algunas siempre estaban ahí mientras otras eran nuevas y solo
iban de paso.
Cuando yo entraba a ese patio sentía que ya no estaba en la
casa si no que era todo un bosque porque eran tantos los pajaritos que se aislaban
los demás sonidos y solo quedaban el cantar de las aves.
Mi papa le comenzó a sonar la idea de alimentar los pájaros
que pasaban, aprovechando que teníamos un patio grande con árboles, cada día yo
lo acompañaba muy temprano a poner un banano con un vaso de agua.
Siempre me contaban la historia del pájaro que anuncia la
muerte y por un tiempo lo escuchaba frecuentemente al frente de mi casa
entonces me daba mucho miedo de que fuera verdad y alguien muy cercano
falleciera.
A nosotros nunca nos agradó la idea de tener animales en
nuestra casa o enjaular a las aves, solo nos tomábamos el tiempo de verlas e
incluso fotografiarlas si permanecían mucho tiempo, a parte que era más bonito
ver la variedad de ellas a una sola todo el tiempo.
fotografía tomada de: la voz del despertar-marzo 28 de 2019.
Este pasado me ayuda a levantarme algunos días y mientras
espero mi transporte frente al parque me olvido de todo y me concentro en la
naturaleza en agradecer su existencia y reflexionar en si contribuyo o no a
cuidar de esta.

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